jueves 10 de enero de 2008



Proyecto “Dale Color”

Exposición organizada por Cris+ácida

11-Enero-2008

Marco teórico basado en obra de Rodrigo Vargas.

Cada vez que miramos a nuestro alrededor, nos enfrentamos con un entorno que nos bombardea, invadiéndonos de imágenes, de una serialidad que dificilmente nos deja ver más allá; movilizando los cuerpos a regirse bajo un orden que no le es propio.

Esta obra nos convoca una contradicción con este entorno hostil al cual nos vemos enfrentados. Es en su materialidad, de arcilla modelada, donde yace aquello que ya no se encuentra en la urbe, esa consistencia que se contraresta con la ciudad y su producción en serie, con la imagen y sus infinitas copias.

Bajo este proyecto “Dale color”, esta obra se posiciona desde aquello que surge de la misma tierra, lo esencial que es olvidado en la ciudad, aquello que se abandona por la constitución de un artificioso entorno; es decir, la construcción de la mentira en relación con la sobreexplotación de las imágenes por medio de la simulación, fingiendo tener lo que no se tiene.

Dado que esta obra, nos proporciona lo que ya no podemos encontrar en la urbe, que es el intrínseco color de su materialidad, su color le pertenece; no como en los objetos que nos rodean, donde los colores son impuestos, son dados, como por los amenazadores afiches que enmudecen la razón.

Todos aquellos elementos el modelado, el color propio, la materialidad intrínseca, se reúnen en el cuerpo, en la femeneidad, esa figura que dentro de todas sus posibilidades se hace única, y nos remonta a lo inherente del ser; lo que somos en su principio y lo que podemos ser dentro de nuestras posibilidades propias.

Pabla González Ruiz.



“Conocimientos mediados por un dialogo”

Marco teórico sobre una obra de Matías Cornejo.

Por Pabla González.

El Proyecto “Pies-forzados” se presenta como la oportunidad para desarrollar la facultad de Artes de la Universidad de Chile a partir de sus propios estudiantes, de licenciatura en Artes Visuales y de licenciatura en Teoría e Historia del Arte, por medio de la relación del trabajo en equipo entre ambas carreras.

El trabajo consiste en realizar una obra en parejas constituidas por un estudiante de cada carrera, en donde deben agruparse y solucionar las problemáticas que se les presentan para llevar a cabo sus objetivos. Estas problemáticas son los llamados “pies forzados”, que a lo largo del transcurso del desenvolvimiento de ambas carreras van surgiendo, por lo que este proyecto entrega las herramientas para experimentar con lo que depara a los artistas y teóricos en su desarrollo.

Algunos de estos equipos de trabajo se conformaron por común acuerdo; es decir, se conocían previamente y pretendían trabajar juntos. Otros equipos, como el de nosotros accedieron a trabajar en el proyecto sin conocer quién sería nuestro compañero.

Este es el primer “Pie forzado” que se presenta en nuestro proyecto como pareja. El no conocimiento, el no saber a que nos enfrentamos, la incertidumbre sobre el otro y sobre lo que se producirá como trabajo al no tener una noción.

Nos vimos enfrentados a la primera problemática de desarrollar una dualidad sin referentes previos de nuestro compañero de trabajo, y lidiar con esto para que obtuviésemos un resultado del proceso.

Primeramente pretendíamos establecer un tema específico a trabajar que para ambos tuviera sentido y a la vez que participáramos de la temática por medio de nuestros propios intereses. Esto conllevó a realizar este proceso de conocimiento mutuo, para poder entablar relaciones y conexiones entre nosotros. Sucesivamente pudimos observar el comienzo de la modalidad de trabajo de nuestros compañeros, no así la consecuencia y término de esta modalidad. Se podía observar que establecían sus temas bajo sus propios intereses y búsquedas dentro del arte; no obstante, no había una mayor conexión visible entre las parejas más que el trabajo en sí mismo.

Producto de lo anteriormente señalado, decidimos abocarnos a realizar una obra que consistiera en llevar a lo visual el proyecto “Pies Forzados” a través de este proceso de conocimiento del otro, autorreferente como equipo, para entablar una relación de trabajo consistente.

Cuando comenzamos a adquirir un conocimiento del otro, no se da como consecuencia inmediata, ya que en este caso se estaría basando y planteando una hipótesis fomentada en los prejuicios que surgen de una primera impresión del sujeto. Para establecer un conocimiento más sólido debe existir una mediación, como el dialogo donde se pretende conocer, por lo que es lo más cercano a una primera fuente para realizar una idea más acabada de quién es el otro.

Bajo esta percepción, el proyecto se delimito luego del dialogo, estableciendo qué se quiere enfocar en aquellos elementos diferentes y discordantes entre ambos integrantes de la pareja, como también estableciendo que el trabajo será en conjunto y que las decisiones serán tomadas de esta forma.

Muchas veces se considera de mayor relevancia todas aquellas características y elementos que tenemos con otras personas, que nos hacen establecer un igual. Porque la idea de tener similitudes, semejanzas y elementos en común hace creer que se puede lograr una afinidad más fuerte, y que los puentes que van a resultar de esto serán más consistentes.

Sin embargo, estos elementos por su similitud no causan ninguna problemática, o no nos entregan algo a analizar o un nuevo cuestionamiento, es, por ende, seguir bajo lo conocido y lo palpable.

Es por esto que aquellos elementos y características que nos distinguen, que nos hacen ser distintos, y que hacen emerger la diferencia, son aún más significantes para tener un mayor provecho de la incertidumbre, del no conocer, para convertirlo en un conocimiento. Estos factores contradictorios se presentaron entre nosotros, y en ese instante es que los limites existentes entre un individuo y otro del equipo, se hacen perceptibles evocando la diferencia dentro de un todo.

En nuestro caso, la diferencia surge dentro del dialogo, donde se ponen en juego los gustos personales como el hecho de que uno no fuma y el otro sí lo hace, el tomar café, etc. Estos gustos son elementos característicos de una conversación, ya que la mayoría de las personas cuando se esta relacionando con sus pares y con su entorno social, al no estar ejerciendo una acción física propiamente tal, necesita un movimiento dentro de la abstracción de la actividad del lenguaje. De alguna manera son complementos, probablemente a la gestualidad o al mismo hecho de compartir algo con aquella persona con la que se están estableciendo relaciones.

Es entonces que surge el soporte de la obra, una especie de mesa, que es el centro de reunión por excelencia. Podríamos haber desarrollado otro espacio donde nos relacionáramos es en torno a una mesa que se comparte con unos amigos, con la familia, con los compañeros, con un profesor, etc. Dentro de la generalidad es el espacio que nos convoca a desarrollarnos y a compartir, y que en algún momento todos han estado situados bajo este espacio sociabilizando.

Otros elementos que componen la obra son el cenicero y dos tazas de café. El cenicero, es fundamental porque ahí está el encuentro físico de nuestra diferencia, como también otro centro de sociabilidad constante, además de ser el eje primordial de la obra debido a que el concepto a trabajar sobre el conocimiento del otro surge a partir de este objeto. Las dos tazas dan cuenta del intercambio de esta dualidad, nos deja pensando ahí se encontraron dos personas compartiendo una conversación.

Con respecto a la utilización de los materiales en la obra, se escogió trabajar con elementos neutros. Es decir, los materiales utilizados son negro, blanco y transparente, lo que nos lleva a que son colores con los que no se puede realizar una conexión inmediata por esto son neutrales, como también la transparencia de las tazas nos señala aquello que debemos presentar en nosotros mismos para que un dialogo de este tipo, de conocimiento mutuo se lleve a cabo en su totalidad. Además esta neutralidad, que nos señala que podemos ser nosotros como pueden ser dos personas cualquiera, esta presente en la mesa que puede serlo y puede también no serlo, porque al estar realizada por el artista, no es algo confeccionado con una utilidad y un concepto de funcionalidad previo y establecido, es lo que queremos que sea en el instante.

Conjuntamente se estableció que la obra pretende seguir los condicionantes principales del proyecto “Pies Forzados”. En una primera instancia nos encontramos con la precariedad con la que se debe trabajar, tanto al situarse con un tema especifico como en la utilización de los medios económicos, y por tanto de los medios materiales a los que teníamos acceso. Esto es algo con lo que debemos convivir en amabas carreras, tanto para optimizar recursos como para extraer lo máximo de un mínimo.

Por lo tanto, decidimos utilizar todo el presupuesto que se nos exigía. Es decir, que la obra contempla los $ 10.000 pesos, pero a la vez realizamos una utilización muy prudente de esto calculando absolutamente todo lo que se gastara desarrollando aún más el trabajo en equipo y la creatividad, de tal forma que si llegaban a quedar fondos estos se quedaran en la obra misma, sobre la mesa.

Así también se pretende que la obra sea dinámica, ya que si el espectador lo desea puede utilizar este espacio, puede apoyarse en la mesa, utilizar el cenicero, etc. Como una forma de seguir fomentando el conocimiento del otro, y entablando una relación que sea conciente o inconciente con el soporte mismo. Entonces la utilización del espacio nos lleva a un conocimiento del mismo. De esta forma, también se desarrolla la interacción, en el sentido que el espectador podrá introducirse en la obra y podrá establecer relaciones con la misma, internándose en ella como otro.

Además la obra pretende relacionarse con los vestigios, con todo aquello que queda después del desarrollo de un dialogo, del acto de relacionarse y del adquirir un conocimiento. Los vestigios son todos aquellos rastros y huellas que quedarán en la obra como resultado de esa relación y de la conexión e interacción entre los sujetos, como las cenizas, un poco de café, un vaso que alguien desea dejar ahí, etc. En una primera instancia se dejaran las huellas y vestigios de la interacción entre nosotros, como agentes generadores de la obra y de un conocimiento del desarrollo de la relación. Para que conjuntamente los espectadores puedan percatarse de la ocupación de la obra, y que de alguna forma los convoque a participar de la misma.

Asimismo, el registro de los vestigios es fundamental para constatar el proceso de transformación y desenvolvimiento de la obra, desde la primera vez que fue exhibida hasta el último día de exposición, dejando un archivo del transcurso y de la acumulación de las huellas de otros sujetos.

Finalmente, esta obra surge de la inquietud por el trabajo en equipo entre ambas carreras, Artes Visuales y Teoría e Historia del Arte, donde se pretende mostrar los condicionantes principales que exige el proyecto “Pies Forzados” como la precariedad con la que se debe trabajar, con los pocos recursos económicos que limitan a la obra, y con el hecho de querer generar el dialogo entre los estudiantes en torno al arte. Pero principalmente esta es una obra que aborda el dialogo de las personas, el dialogo del conocimiento y del autoconocimiento de sí mismo, de la autorreferencia consecuencia del hecho de tener que trabajar juntos sin saber algo del otro. En esta búsqueda del conocimiento nos encontramos con la necesidad de desarrollar un proceso por el cual tuviésemos conciencia del otro, y es a través de aquellos elementos diferentes entre ambos integrantes de la pareja donde encontramos el enriquecimiento de ese conocimiento del otro, y de las personas en general.


Jueves 06 de Septiembre de 2007





Exposición “Lo Público y lo privado”, Alejandro “Mono” González.

El artista Alejandro “Mono” González, a lo largo de toda su trayectoria ha intentado proyectar una consistencia política y una conciencia social. Esta exposición “Lo público y lo privado”, no es la excepción de esa consecuencia; sin embargo, en este trabajo plasma el transcurso de la vida, de su propia existencia, haciendo referencia a su infancia, invocando lo privado.

El desarrollo de nuestras vidas, como lo privado, es diferente para cada uno de nosotros dependiendo de las influencias, de los cambios y de todos aquellos factores que nos conforman. Pero no hay duda, que todos tenemos una misma relación y que compartimos un espacio en común, en algún momento yacemos sobre sábanas. Es entre las sábanas que nacemos, es donde soñamos, creamos e imaginamos, intercambiamos el amor, y donde muchas veces se presenta la muerte. Es en este espacio donde compartimos mucho más tiempo del que creemos y donde nuestra vida adquiere mayor sentido.

La infancia de este artista se encuentra marcada por este espacio, por las sábanas, por una vida en el campo, luchadora y de trabajo. Entre esos recuerdos está la elaboración del pan en las propias casas, debido a las restricciones económicas que se vivían, y muchos de los sacos harineros pasaban a tener otra utilidad, ya sea como una bolsa para recolectar la cosecha, o sábanas para las camas. Es entre estas sábanas realizadas de sacos harineros, que el artista, tuvo su contacto con las letras que se encontraban impresas, con la lectura antes de la enseñanza, y como el surgimiento de muchos pensamientos y reflexiones.

En esta exposición, “lo público y lo privado”, en donde Alejandro “Mono” González hace un cambio de soporte de sus obras, apartando los muros y utilizando como soporte sábanas realizadas de sacos harineros, en donde lo privado es trasladado a lo público, sin dejar de lado un trabajo en comunidad, y planteando la trama a través de la cuál se van construyendo nuestras vidas, y la del mismo artista.

Pabla González Ruiz,
estudiante de Teoría de la Historia del Arte .